Recientemente una joven de Singapur publicaba en una popular página web de turismo donde los viajeros dejan sus consejos y comentarios la siguiente entrada tras visitar Granada: “he encontrado un conocido restaurante andalusí agradable y muy conveniente”, ya que llevaban algunos días sin poder comer carne. Probaron el “cuscús de cordero y de pollo” y la “deliciosa sopa de lentejas”. Aseguraba que lo recomendaría a sus amistadas, ya que es muy difícil encontrar comida halal en España. Y es que la joven protagonista de la historia es una musulmana, como lo serán en la próxima década el 25% de la población del planeta.

A la conjunción de parámetros “musulmán” y “asiático” hay que añadir un tercer vector, el de “clase media emergente”. Con los tres se configura la clase media que representará en unos años el 66% de la clase media total del planeta. Mientras, menguan en una Europa que se recupera lentamente de la crisis económica.. En contraste, las economías del sudeste asiático presentan tasas de crecimiento cercanas a los dos dígitos. Es por ello que cada vez es más frecuente encontrar jóvenes turistas del sudeste asiático, particularmente de Malasia, Indonesia, Brunei o Singapur, que se desplazan a España para visitar la arquitectura del gran icono islámico occidental: las capitales de Al-Ándalus.

Con cerca de dos millones de turistas musulmanes extracomunitarios al año (en los que no se incluyen los musulmanes europeos, que ya suman cerca de 50 millones), España, el segundo destino turístico del mundo, adolece de falta de empatía o actualización con uno de los motores económicos del país. La escasa adaptación al turismo musulmán, que no solo es creciente en número sino en gasto en nuestro país, obliga a éstos a conformarse, a la hora de alojarse, o de comer, con opciones vegetarianas o recurrir a los negocios regentados por magrebís. La falta de oferta “Halal” hace que acorten su estancia para visitar Marruecos o que recomienden a sus amigos o seguidores en las redes que traigan su comida de casa.

España ha pasado de ser un reducto atractivo para las petromonarquías del Golfo (que principalmente se concentraban en la costa malagueña) a inspirar a miles de jóvenes asiáticos como escenario de su “tour” europeo. El dorado pasado andalusí sigue brillando con fuerza en los países de mayoría musulmana (Indonesia, Paquistán, Irán, Egipto, Nigeria, etc), que exportan un perfil de turista al que convendría irse adaptando. Se trata de los “Muslim Millennials” o Generación M. Sus características principales: son personas que han nacido con internet, es decir, viven conectados y gestionan prácticamente todo a través de su móvil; hablan dos o tres idiomas y son titulados universitarios con un gran interés por el emprendimiento ético; pero la característica que mejor les define es que son musulmanes, y además su islam no es el popular o heredado, sino que es el resultado de un proceso intelectual donde se ha apostado por el islam como modelo social y económico, con inmejorables resultados, como ocurre en el caso de Malasia.

Las demandas de la Generación M no son difíciles para los empresarios españoles. Los musulmanes buscan la comodidad de poder viajar sin renunciar a sus compromisos islámicos. Uno de ellos es la alimentación halal (el más demandado, según estudios del grupo de trabajo de Turismo de la Organización de Cooperación Islámica). La alimentación halal es un precepto de gran importancia y que, según el estudio citado, puede ser determinante a la hora de decidirse por un viaje o un paquete vacacional. En España son sólo 4 los establecimientos hoteleros 100% Halal que ofrecen un menú, además del resto de servicios y productos, una fórmula que se conoce como “muslim-friendly tourism” y que permite comenzar a captar a este tipo de clientes sin renunciar al resto.

La alimentación “Halal” es sofisticada, pero igualmente al alcance de cualquier negocio de restauración. La carne ha de estar certificada Halal, pero existen numerosos mataderos y empresas en España que cuentan con la certificación. Igualmente ha de estar certificado cualquier producto que contenga grasa (por ejemplo, la bollería -las ensaimadas se hacen con manteca de cerdo-), gelatina (postres lácteos, salsas, sopas, y casi cualquier plato preparado (existen varios tipos de gelatina, sólo se aceptan aquellas que sean vegetales, de pescado o de animales lícitos sacrificados por el rito islámico), cuajo (quesos y otros lácteos), colorantes y aditivos (algunos son “Haram” = prohibidos en la dieta islámica), etc. Lo mejor es asesorarse con el Instituto Halal (www.institutohalal.com). En el caso de las bebidas, deben ser “0,0”, lo cual es bastante más sencillo dada la oferta actual disponible en el mercado.

Otro de los parámetros que va a influir en la toma de decisión de los clientes musulmanes a la hora de decidirse por sus vacaciones en España es el tipo de alojamiento. En general suelen viajar en grupos, o con familias (que pueden ser de entre dos y más de diez miembros, ya que es frecuente viajar con la familia). Los musulmanes del milenio buscan además algunos guiños: una señal en el techo que indique la dirección a la Meca, horarios que aseguren la privacidad de las señoras que opten por vestir “hijab” en la piscina o el gimnasio, o disponer de información acerca de la oferta turística que establezca esa “conexión con Al-Ándalus” que andan buscando (y que va desde bazares hasta el hammam o actividades como la cerámica, caligrafía, henna, etc). No sólo de monumentos vive el turista: su contextualización es fundamental. Recrear la historia y hacer renacer los momentos de esplendor de aquella civilización del Islam Occidental cautivará a aquellos que han venido en peregrinaje para leer poemas árabes en mampostería, admirar el modelo de convivencia, y rescatar de la modernidad los vestigios de algún califa, astrónomo, poeta o filósofo, de los muchos que nos dio nuestro pasado musulmán.

Y cómo no, cualquiera que se embarque en la aventura de este siglo y de las gentes que nos visitarán de allende el mar, necesitará recurrir a la tecnología para comunicar a sus clientes su oferta “Halal”: nada mejor que la web, creada por un grupo de jóvenes turco-británicos, Halal Booking: https://en.halalbooking.com/. Es la web nº 1 en el mundo islámico para reservar alojamientos adaptados a las preferencias del cliente musulmán. Es una web que hemos visto crecer en primera persona. Hace dos años conocí a su CEO, cuando el proyecto era todavía una start-up y era él quién cogía el teléfono, junto con dos socios. En 7 años ha aumentado su cuenta de resultados hasta los 15 millones de dólares en 2017 y ya ha comenzado una ronda de capitalización para acelerar esta fase de crecimiento. Esperan facturar 50 millones de dólares en 2018.

Pero de emprendimiento Halal, un sector económico en pleno auge en Reino Unido (cuyos jóvenes deben tener más ganas de emprender que de aprobar una oposición) hablaremos en otro momento. Se acerca la temporada estival, con el consiguiente aumento de turistas, y es el momento de aprovechar, no el turismo que viene, sino el que ya está aquí.

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