Dejemos los extremos para los extremistas

Por José Ángel Cadelo para Verislam

Un nuevo discurso para combatir la islamofobia y la polarización social.

Foto:Rawpixel/iStock-

Vivimos en un clima de polarización. Algunos grupos con ideologías de extrema derecha están diseminando un mensaje que ataca constantemente a los colectivos migrantes y a los grupos culturales religiosos que tradicionalmente no han sido mayoritarios en España. Esto es algo que indudablemente debe ser vigilado, perseguido y sancionado, cuando proceda. Corresponde a los ciudadanos y a las autoridades públicas concienciar en esta materia y denunciar y perseguir los hechos. Vemos con preocupación cómo la narrativa que existe en torno a la islamofobia está impactando en la comunidad musulmana y en la convivencia social. A pesar de que recientes acontecimientos como los de Torre Pacheco o Jumilla han tenido una repercusión mediática enorme y han evidenciado la existencia de posturas extremistas e intolerantes, no creemos que se corresponda con la realidad que la mayor parte de los musulmanes en España vivimos en nuestro día a día. 

Centrar perspectivas

Tras los acontecimientos de Torre Pacheco circulaban recomendaciones por redes sociales y en las comunidades islámicas alertando del peligro que corrían todos los musulmanes en esos momentos. Estas recomendaciones abarcaban desde la prudencia en las conversaciones hasta evitar dejar salir solos a los hijos y acompañar a las mujeres hiyabíes. Nos hemos imbuido tanto en esa idea de islamofobia social e institucional generalizada, que mucha gente pierde la perspectiva de su experiencial propia en el día día, para dejarse arrastrar por la narrativa global. Especialmente nos preocupa que los musulmanes jóvenes interioricen esa idea; percibimos cómo muchos de ellos no tienen duda sobre esa realidad, a pesar de que viven y disfrutan en armonía de un entorno social que trasciende ampliamente lo musulmán.

También deberíamos pensar en qué es la islamofobia, porque muchas veces lo convertimos en un saco muy grande donde cabe todo; no solo incluimos los hechos que objetivamente son motivados por el odio a lo musulmán, sino también las discrepancias de opinión, las críticas, las aristas normativas que suponen ciertos límites a según qué forma de entender las prácticas religiosas tengamos… 

Huir del discurso extremista

Los musulmanes también tenemos que tolerar y abrirnos al debate público sobre nuestra religión; admitir la diferencia e incluso la incomprensión sin sentirnos atacados en todos los casos. Esta posición tolerante, abierta y equilibrada debemos exigírsela a nuestros representantes ante el Estado; es a ellos más que a nadie a quienes corresponde mantener una postura ecuánime que nos retenga a contribuir a la polarización. Muchas asociaciones y personas hacen un trabajo encomiable concienciando sobre la islamofobia y denunciando este «fenómeno». Con ese ánimo de depurar las situaciones injustas a las que se enfrentan algunos musulmanes se ha conseguido una concienciación institucional y social; también los propios musulmanes hemos ido percibiendo nuestros derechos en un plano de igualdad al de los demás.

Sin embargo, llegados a este punto, creo que todos los que de una u otra forma tenemos algo que ver con esta temática debemos revisar nuestro discurso. Quizá es el momento de reformular esta narrativa para enfatizar no solamente el rechazo rotundo (no podría ser de otra forma) hacia cualquier acto o manifestación de odio hacia el musulmán, sino incluir también la invitación a reflexionar sobre la experiencia personal de cada uno. Debemos huir del discurso global que nos lleva inevitablemente a la polarización. Dejemos los extremos para los extremistas, aunque la moderación levante menos pasiones y sea más difícil hacerla popular.