«La luz de Tánger ilumina y yo encuentro esa luz a donde quiera que voy», entrevista a Farid Othman-Bentria Ramos

Por Lara San Mamés para Gerrilla Media Collective

El año pasado tuvimos la oportunidad de conversar con Farid Othman-Bentria Ramos, coordinador de la Fundación Pablo Iglesias, comisario cultural, poeta, escritor y fotógrafo. Esta entrevista nos acerca a sus orígenes, sus pasiones y su forma de ver el mundo, pero también a cómo influyen estos aspectos en su labor cultural y en su mirada hacia el futuro.

GMC: Naciste en Tánger y creciste en Granada, ¿cómo ha influido eso en tu identidad personal y tu forma de ver el mundo? ¿Sientes que tu herencia mixta te ha dado una sensibilidad particular hacia ciertos temas culturales o sociales? ¿Qué papel juega Tánger (como espacio simbólico y real) en tu memoria afectiva y creativa?

FOBR: Ha influido en todo. Soy lo que me han aportado mis dos «ciudades madre». Soy un humanista inquieto y activista que bebe tanto de la interculturalidad tangerina como del andalucismo nazarí.  Mi gran herencia me concede un prisma amplio para ver las cosas y una capacidad crítica que puede sortear las limitaciones culturales y los estereotipos. Es algo tan complejo como simplificar hacia lo común, como desfronterizar las relaciones; es un horizonte donde el discurso del otro no tiene cabida; significa trabajar para un modelo de sociedad en el que no sobra nadie, que es de todos y al que todos aportan.

Tánger es la posibilidad de hacer tangible algo tan intangible como el concepto de interculturalidad. Su historia e identidad ayudan a establecer vínculos más allá de nacionalidades, acentos u orígenes. Pero también nos da la oportunidad de ser conscientes de la fragilidad del ser humano. Es una toma de tierra con otra manera de contemplar el mundo, y eso se refleja en mi obra, pero también en mi manera de hacer política o en mi activismo. La luz de Tánger ilumina y yo encuentro esa luz a donde quiera que voy.

 

Ya en Madrid, has formado parte de diversas redes sociales y políticas. ¿Cómo se articula tu trabajo con fundaciones e instituciones públicas? ¿Qué retos encuentras al trabajar desde dentro de las estructuras institucionales sin perder el impulso crítico o transformador? ¿Qué papel crees que juegan estas redes en la vida cultural y política de la ciudad?

Mi trabajo se articula siempre desde la perspectiva humanista progresista, ya sea a través de instituciones públicas o privadas. No sé hacer las cosas de otra manera. Los conceptos con los que más he trabajado desde todas estas instituciones han sido la plena ciudadanía, sentido de pertenencia, interculturalidad, cooperación cultural horizontal y multilateralidad. He coordinado diferentes funciones, pero siempre intentando aportar o fortalecer la existencia de un marco propio para estos temas.

El principal reto es el cambio de marco. La interculturalidad no puede darse desde un punto de vista que tenga, de manera consciente o inconsciente, una marcada prevalencia cultural. El «ahora no es el momento para eso» es un enemigo aun mayor que el marco que propone el adversario y, por desgracia, es un enemigo excesivamente recurrente. Perder la motivación es fácil, pero debe imponerse la responsabilidad, el saber que el espacio que ocupamos los humanistas, si nos rendimos, lo ocuparán otros con intenciones dispares y alejadas de nuestros objetivos.

La desafección política es algo más que un síntoma, es una estrategia propiciada por aquellos que no creen en el pacto social o el estado del bienestar. Van ganando, es fácil de ver, y conocen bien la teoría de los espacios ocupados. Fundaciones, asociaciones, y similares, ayudan a mantener políticamente activa a la ciudadanía, más allá del ámbito meramente partidista y, por tanto, contribuyen a mantener viva la acción y capacidad crítica que hace que evolucionen las sociedades. Hacer red significa hacernos fuertes como ciudadanía y pocas cosas hay más legítimas que la fuerza que otorga esa autoridad.

«Hacer red significa hacernos fuertescomo ciudadanía y pocas cosas hay más legítimas que la fuerza que otorga esa autoridad».

 

La inteligencia artificial está afectando a muchas profesiones creativas, y es algo que nos perjudica de forma muy directa en el sector editorial y de la traducción. ¿Te está afectando de algún modo? ¿Qué amenazas u oportunidades crees que conlleva? ¿Crees que realmente se puede integrar de manera ética y crítica en los espacios culturales y educativos? ¿Qué papel crees que deberían tener los escritores, filósofos y humanistas en estos debates tecnológicos?

Estamos siendo testigos directos de cómo una herramienta puede, de nuevo, cambiar el paradigma, la historia misma. En ese sentido, como observador, es excitante. Pero también somos víctimas objetivas de esa misma herramienta transformadora si el uso no es el adecuado. Al final, la responsabilidad no está en la herramienta, está en quien la usa.

Tengo buenos amigos creadores que investigan sobre ella y están desarrollando su expresión artística de maneras en las que antes no habrían podido; tengo otros que se están viendo afectados por el mal uso que hacen otros de la misma. Por mi parte, yo lo que estoy haciendo es estudiarla, para comprobar sus límites tanto como para saber detectar qué es posible con ella y, por tanto, detectar si una obra, texto o acción es de creación original sin serlo.

La UE, bajo la batuta del ex europarlamentario español Ibán García del Blanco, es la única entidad o administración que ha creado una regularización para el uso y desarrollo de la IA. Es necesario, pero su gran hándicap es que esta regularización no se corresponde con el uso universal de la herramienta. Sin embargo, no podemos decir «IA homini lupus», seguimos siendo los humanos el lobo. El cuchillo no es el que apuñala, sino la intención de la mano que lo porta. Así pues, concluyo diciendo que los problemas relativos al uso de la IA, que debe estar regulada, son problemas humanos y que, por tanto, el debate debe ser sobre la ética.

La filosofía es, una vez más, la urgente necesidad del ser humano. Y el debate filosófico para la IA es si tiene la capacidad de debatir filosóficamente sobre ella misma sin que la asalte lo que la haría precisamente más orgánica: su instinto de supervivencia.

 

Actualmente trabajas en la Fundación Pablo Iglesias. ¿En qué proyectos estás involucrado? ¿Qué valor tiene el Archivo (como memoria histórica) en el presente político y cultural? ¿Cómo se puede hacer que estos fondos no solo preserven el pasado, sino que activen un pensamiento crítico para el futuro?

En tanto a la Fundación, estoy involucrado en todos sus proyectos siempre, en unos en mayor medida que en otros. Tanto con la FEPS, el gran laboratorio de pensamiento progresista de Europa, como con partidos y fundaciones del resto del mundo, en especial de Latinoamérica, y entidades supranacionales como la IUSY, que implica a las organizaciones de juventud progresista de todo el mundo, desarrollamos talleres de fortalecimiento y pedagogía democrática, formación a cuadros y cargos, etc., pero sobre todo establecemos vínculos ante los retos comunes. Un multilateralismo real y universal es la única vía para encontrar respuestas locales y globales.

Mi defensa de que la cultura es la gran herramienta de comunicación política está omnipresente en todo lo que hago. Para ello me implico en los proyectos expositivos y editoriales de la fundación, así como con las conferencias y demás acciones. Por destacar uno de estos proyectos, diría que nuestra revista cultural Letra Internacional es un referente entre las revistas culturales, compuesta por un diseño moderno y potente, repleta de contenido atrevido, motivador y de calidad y reflejo de todos los marcos desde los que debe trabajar el progresismo: con la interculturalidad, el feminismo, la memoria (que es democracia) y la multilateralidad, al frente.

Nuestro archivo es una de las joyas más desconocidas de España, incluso por parte de los militantes del socialismo Su valor va mucho más allá del ser el archivo del partido, es el archivo de todos, y en lo que guarda nos encontramos el germen de la resiliencia que hizo que brotara con fuerza decidida la democracia tras tantos años de dictadura fascista. Estamos ante tiempos oscuros (de nuevo), lo que nos enseña la memoria es a evaluar los datos porque la involución también existe, es a saber defendernos de los peligros que nos vuelven a acechar. Memoria, sin duda, es democracia.

La visita debería ser obligada, casi prescrita por los médicos. Nos jugamos la democracia, que no es, por desgracia, ni inviolable ni un espacio garantizado. Las administraciones e instituciones deberían ayudar a fortalecer espacios como nuestro archivo, tanto en lo económico (que la situación suele estar en un umbral por debajo de la supervivencia) como en la divulgación de los fondos. En este sentido el factor humano es clave y el afecto es nuestra «marca de agua»; tenemos fondos que no tendría sentido que estuvieran en cualquier otro lugar precisamente por ello. También creo que en la parte divulgativa lo virtual no tiene el impacto de lo físico; ver la documentación original nos pellizca de una manera diferente y ya que podemos, hagamos. Hay que dejarse latir por los dibujos y pinturas de Manuel Garvayo, apoyarse en el bastón de Pablo Iglesias, izar la bandera que los presos socialistas de Dachau bordaron a escondidas… No se puede valorar de lejos, no se puede entender la importancia de lo que hay que preservar desde una pantalla en un despacho.

¿Qué te vincula personalmente con la cinemateca de Tánger? ¿Cómo ves su papel en el tejido cultural del norte de África y en el diálogo con Europa? ¿Has vivido algún momento allí que te haya marcado especialmente?

Como tangerino de los que se han empapado a fondo de esta nueva etapa de la ciudad fénix, es casi imposible escapar de la influencia del antiguo Cine Rex. Tras nuestra propia «Edad Media», el proyecto de Yto Barrada y de todas y todos los que la han acompañado en esta aventura, ha sido el punto de apoyo necesario que hemos utilizado para mover el mundo o, al menos, la vida cultural de Tánger. En la cinémathèque de Tánger, en el Cine Rif y su café, he debatido, he creado, he reído, he estado a punto de enamorarme o he deseado estarlo, he vivido el duelo, he bailado, he aprendido a estar solo, he disfrutado, he programado, he explicado en sus baños el realismo mágico tanjawa… en fin, a lo Neruda, podría confesar que lo he vivido. Hoy, como proyecto asentado, presume de tener «la programación más libre del mundo» y doy fe que así es.

Mi abuelo paterno y uno de sus hermanos abrieron en la medina vieja de Tánger el que fue, posiblemente, el primer cine de África, el Cinema Bentria. Cuando empezó a ser un negocio empezaron a abrir más cines en la ciudad y de una u otra manera, normalmente como maestros proyeccionistas, estuvieron involucrados. Entre esos cines estuvo el Rex, hoy Cinemateca Rif. En su renacer, los que apostábamos por una nueva era cultural en la ciudad, encontramos refugio, punto de encuentro y lugar para las bellas conspiraciones. Hoy, asentado en la escena cultural mediterránea, sigue siendo el espacio desde el que respirar la luz de invierno a las cinco de la tarde deslizándose sobre Souk Barra.

Como buen reflejo de la identidad tangerina, la cinemateca aporta a Europa y a África una manera de entenderlas mejor que como se entienden ellas a sí mismas y al 100%, sin olvidar su innegable conexión latinoamericana, o su pertenencia, aún más innegable a un mundo desde el otro lado del espejo, el de los mitos. Al ser un limbo permanente, lo que ofrece Tánger, en lo individual o lo colectivo, es una oportunidad de ser de otra manera sin dejar de ser uno mismo.

 

Como autor, ¿qué lugar ocupa la escritura en tu vida actual? ¿Cómo dialogan tu poesía y literatura más personal con tu trayectoria vital y política?

Escribir, como el resto de las maneras en las que expreso creatividad, no es algo que entre en la categoría de las opciones, es instinto, sangre, necesidad. Si no estoy creando me estoy maldiciendo por no crear o estoy pensando en qué debería estar creando. Es mi manera de comunicarme más precisa, pero es también cómo expreso los colores con los que decido ver el mundo. El resto del tiempo son corsés sociales que acepto. La literatura es, de todas las artes, la que más utilizo y, dentro de ella, la poesía es con la que más y mejor expreso lo que soy, y yo soy lo que siento.

Precisamente porque soy lo que siento, mi trayectoria vital y política son y transmiten lo mismo que mi capacidad creativa o artística. El humanismo es patria y matria, en los ritmos de mi poesía está la misma interculturalidad que en las políticas que intento desarrollar desde hace un cuarto de siglo. En mi derecho a ser yo mismo está implícito el respeto a que tú también lo seas, por el que me peleo cada día, desde todos los ámbitos, con la misma fuerza que debería pelear por mí; pero ¿acaso no es justo esa manera de pelear la que habla de un nosotros, de un nosotros que conformamos un todo amante de sus diversidades y no un conjunto de otros enfrentados? Honestamente, me resulta imposible desligar mi acción política de mi yo creativo, soy la misma persona creyendo en lo mismo. Aquí es cuando me suelen preguntar por mi poesía más emocional, la más pasional, la que quizá habla de amor, pero éste, el que ama, ama siendo feminista, ama sin dejar de ser el mismo humanista que cuando da un taller sobre ruptura de estereotipos. Creo que la honestidad es clave en la manera de hacer las cosas, en la forma de ser, y creo que es fácil reconocerme en todo caso, ya sea política o literatura, y eso es algo que me gusta, sin obviar que, posiblemente, el mayor de los activismos cabe en un solo verso.

 

 

Fuente: Gerrilla Media Collective, por Lara San Mamés.