La tolerancia, esa calle de doble sentido

Por José Ángel Cadelo para Verislam

Celebramos cada año por estas fechas el Día Internacional para la Tolerancia, pero seguimos ignorando, año tras año, que esta sana virtud de tolerar debe implicar necesariamente el desacuerdo con la idea, creencia o práctica que se tolera.

iStock: A. Cini

Aunque parezca absurdo, hay que repetirlo: tolerar aquello que nos parece bien o que nos da igual no es tolerar; tolerar es respetar precisamente las ideas, prácticas o creencias de los demás cuando son diferentes o contrarias a las nuestras.
En días como hoy toca hacer autocrítica. Proponemos que, a diferencia de lo que hacemos todos los años por estas fechas, que es salir a los medios de comunicación y los foros sociales a exigir la debida y urgente tolerancia hacia los musulmanes, hagamos algo mucho más incómodo pero mucho más valioso: examinar si somos verdaderamente tolerantes con esas otras opiniones, valores y formas de vida distintas a las propias. No tendría sentido que los musulmanes se califiquen como minoría para, así, pedir tolerancia y avanzar en justas reivindicaciones si, a la vez, no se muestran receptivos con otros colectivos y minorías cuyo modus vivendi no encaja con sus normas y costumbres.

Hagamos autocrítica

La nuestra es, hoy por hoy, una sociedad plural y eso significa precisamente que muchos de los que nos rodean no compartirán los principios morales y éticos del islam. Está bien que sea así. Demasiadas veces se lee y escucha en redes sociales a musulmanes quejándose del comportamiento de los no musulmanes que les rodean; parece una moda criticar cómo visten o bailan ciertas chicas, los cantantes de moda, las actrices y actores de éxito… Se lamentan esos instagramers y tiktokers musulmanes (obviaré sus nombres para no meterme en líos) de cómo esas personas ajenas al islam no comprenden los valores de los musulmanes o incluso los critican.
En ciertas mezquitas, quizá las más rigoristas, también se reproduce este mismo esquema de crítica (que no es exclusivo de los llamados influencers): piden constantemente sus líderes e imames respeto hacia sus dogmas y costumbres pero, sin embargo, no toleran ni la forma de vida de los que no practican el islam ni, lo que aún es peor, la de otros musulmanes que, si bien viven y practican el mismo islam, lo hacen de otra manera, desde una sensibilidad diferente y con otra legítima percepción.

Un proceso recíproco

El islam es tolerante. Por tanto no cabe que desde ningún sector doctrinal se aprueben actitudes discriminatorias hacia quienes incorporan el islam a sus vidas de una manera diferente a la que algunos consideran la ortodoxa. Lamentables resultan, por ejemplo, las críticas de las últimas semanas, por parte de algunos musulmanes pretendidamente ortodoxos a Mamdani, el nuevo alcalde musulmán de Nueva York. Por lo visto, que baile en fiestas, participe en oraciones comunitarias cristianas o defienda los derechos ciudadanos de homosexuales y transexuales «no es propio de un musulmán» y no debe ser tolerado.
En los países europeos, cuyas leyes se basan, entre otros, en los principios de tolerancia e igualdad, no cabe la discriminación ni, por supuesto, la coacción. ¡Pero es que tampoco cabe en el Corán (2:256)!
Insistimos: día hoy para la tolerancia, esa noble acción que, igual que la amistad o el amor, ha de ser de ida y vuelta; tiene dos caras, es un proceso recíproco, una calle de doble sentido de circulación. La paz, esa paz de la que tanto hablan el Corán, la Sunna y los eruditos, se basa precisamente en la tolerancia y en el respeto a lo diferente; no en un orden impuesto ni en que todo a nuestro alrededor funcione como a nosotros nos gustaría.