Sobre el paraiso según Abdelaziz al-Dabbag

Nos dice el maestro Abdelaziz al-Dabbag, según nos relata su discípulo Ibn Mubárak al-Lamti: “Le pregunté una vez al sheij sobre el paraíso, sus rangos y la manera como están dispuestos. Me respondió:

“Nada de lo que se encuentra en la tierra y ninguna criatura de Dios se asemeja ni siquiera un poco al paraíso, a excepción del Bárzaj, que tiene una cierta semejanza con él. La gente no ha visto el Bárzaj, ¿cómo podría entender el paraíso?” Le oí decir también: “Un mismo lecho se ve en el paraíso bajo formas diferentes. Se ve ya sea como el color de la plata, como el color del oro o el color verde esmeralda o como la seda o el como el color del rubí u otros colores incalificables. Y el origen de todo esto es uno, no múltiple ni diverso. Y si quien yace sobre el lecho quiere desplazarse de un lugar a otro, el lecho lo transporta si así lo desea y si quiere, se desplaza sin lecho a donde le plazca, en cualquiera de las seis direcciones. Todo lo que hay en paraíso como delicias y como especies de frutos y de alimentos no tiene nada de semejante con las cosas de este mundo. Si llamásemos a esas gracias y a esos frutos y alimentos en función de sus luces y de sus verdadera naturaleza, la gente no comprendería ninguno de esos conceptos. Pero Dios el Altísismo, por Su Misericordia y Su Generosidad, se ha dignado concederles nombres que les fueran familiares a los hombres de este mundo. Es como el lenguaje que empleamos con nuestros hijos, a tenor de sus razón y de su edad, cuando usamos onomatopeyas para nombrar cosas como el pan, la carne, etc.”

Y añadió:

“La mirada del habitante del paraíso no tiene nunca límite, puesto que las gracias de Dios son allí infinitas. Si mira una gracia, por esta misma visión, conoce una segunda y una tercera y una cuarta… No cesa de disfrutar de cada mirada en virtud de la diversidad de los paisajes. Los simples creyentes se imaginan las gracias en sus mentes y aspiran en sus corazones a disfrutar de las delicias del paraíso. En cuanto a los santos, su mente está totalmente alejada de lo que no es Dios, el Altísimo. No puede estar dirigida a otra cosa sino a Dios el Altísimo y nada puede desviarla de Él. No pueden concebir en sus mentes algo que no sea Dios. Es por eso, por su dedicación total y exclusiva a Dios, por lo que han sido llamados “los amigos de Dios”.

Extraído de Al-Kalam al-Ibriz de Abdelaziz al-Dabbag y publicado en WebIslam.com el día 13/05/2012

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