Editorial: El profeta Muhammad y la luna llena de Rabbi al-Awwal

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La luna llena siempre ha sido un buen augurio, ilumina el camino en las noches oscuras. Y es que bajo ella nació nuestro amado Profeta Muhammad (saws) hace 1448 años en la ciudad de Meca. Un 12 de Rabbi al-Awwal, el mes más majestuoso de nuestro calendario islámico.

Profeta MuhammadEsto fue en el año del Elefante, en el cual el rey Abraha fue derrotado por los habitantes de Meca. La victoria de la familia de Muhammad (saws) coincidió con su nacimiento, Allah quería así demostrar su poder enviando el mensajero en una postguerra, en un tiempo de penurias y dolor, como un mensaje de esperanza. Una luz, como la de la luna, que iluminaría el mundo durante una larga noche.

Esa luz muhammadiana (nur muhammadi) que nos ilumina el mundo sensible (dunya), que nos abre hacia la verdad (haqq), que muestra la realidad (haqiqa), que nos guía por el recto sendero (sirat al-mustaqim). Él es ejemplo, luz de vida y guía al paraíso. Porque no hay islam sin Muhammad (saws), sin su luz, ni sin su presencia.

El mawlid es más que una fiesta, es la fiesta por la que tenemos que decir: alhamdulillah. Celebramos que fue enviado a nosotros el mejor de la creación. ¿Acaso hay algo más grande que eso?

El Profeta Muhammad: un modelo vital

Nuestro Profeta Muhammad (saws) es más que una simple figura histórica, religiosa o teológica, él es un modelo vital para más de 1500 millones de personas que le reconocen como el Mensajero de Allah (swt).

Si analizamos con detalle su biografía nos sorprendería las muchas facetas que tiene. Antes de recibir la revelación, Muhammad (saws) fue emprendedor, buen marido, padre excelente, líder, buen ciudadano y comprometido con la justicia.

Una vez que recibió la revelación su vida se hizo más complicada pero triunfó ante las adversidades siendo perseguido, refugiado, resiliente, luchador y, de nuevo, líder. Un modelo de vida al que se le une una gran trascendencia, un gran sentido de protección del mundo, un saber dónde está la verdad. Un hombre que viajaba en espíritu, que ascendía a los cielos y rezaba liderando a los Profetas de todos los tiempos. Una certeza que pesó en él hasta el fin de sus días.

¿Os imagináis el semblante del Profeta en un refugiado? Pues pensémoslo por un momento porque él lo fue. La fragilidad y, a la vez, la determinación de la hégira, de empezar una nueva vida y el deseo de cambiar el mundo. Y fue su ejemplo, que como la luz, iluminó el camino.

Su ejemplo es más actual que nunca, en un mundo donde los valores se han olvidado y se ha sumergido en un constante tributo al egoísmo y al consumismo social. Muhammad (saws), y también su familia, significa luz frente a la oscuridad, frente al olvido.

El Profeta y su familia: Volver a la comunidad

Si hablamos sobre el Profeta (saws) tenemos que hablar obligatoriamente de su familia, de su comunidad. La familia de sangre y la familia por afinidad suponen un punto importante de lo que la biografía profética nos trasmite.

La familia, y por ende la comunidad, del Profeta (saws) siempre fue inclusiva. No rechazó a nadie, acogió a huérfanos y a débiles y los empoderó en la comunidad. Su casa siempre estuvo abierta para cualquiera que quiso entrar, nunca miró al pasado, no tuvo nostalgia. ¡La comunidad de Muhammad miró al futuro!

Una comunidad, la de Medina, que implicaba convivencia, entrega y solidaridad entre afines y extraños pero también guardaba su espacio para la individualidad, el libre albedrío y la conciencia personal. Como buen líder, el Profeta (saws) guió y no obligó, dando la oportunidad de crecer sin sectarismos.

Y si recordamos al Profeta no podemos olvidar a las mujeres, quizás una de las partes más importante de su vida, que compartieron el peso de la comunidad desde sus inicios hasta su final. Mención especial merecen Sayyida Khadija (RA), Sayyida Fatima (RA) y Sayyida Aisha (RA).

La primera es un prototipo, aún aplicable, de mujer entregada con el mundo. Comerciante, creyente, entregada y fuerte, fue la responsable de empoderar socialmente al joven Muhammad (saws) en Meca y aconsejarle tras la revelación. Khadija (RA) representa el valor y la confianza en el mensaje, además del punto de cordura que evita caer en la locura frente a la realidad abismal de la revelación. La primera en ver que la revelación no era un delirio era el nacimiento de un tiempo nuevo.

Su hija Fatima (RA) es la mejor heredera de esta forma de ser, valentía, determinación y entrega en el mensaje de su padre, junto con ‘Ali (RA) representa el binomio perfecto de luchadores quienes pretenden construir un mundo en base a la revelación coránica (saws). Al igual que su madre, ella es la cordura de lo cotidiano frente al océano de gnosis (ma’rifa) de ‘Ali.

Por último, y no menos importante, Aisha (RA) representa un tiempo nuevo, un alma que se contagia de la luz de Muhammad (saws). De hecho, el Profeta (saws) supo que tenía que casarse con ella en un sueño… Si Khadija (RA) es su mujer del mundo real ( dunya), Aisha es su mujer del no visto (batin). Decía el gran maestro sufí Abdelaziz al-Dabbagh en su obra al-Ibriz que cuando Muhammad (saws) visita la tierra en sueños, es Aisha la que le escolta hasta nuestro mundo y que incluso brilla más que él en la inmensidad de la noche.

¿Volvemos a la verdadera comunidad? ¿Dejamos las ideologías a un lado? ¿Cuestionamos por qué hay quien se quiere quedar con la ummah del Profeta (saws) negando su compleja diversidad?

El mawlid, una fiesta para agradecer por el Profeta Muhammad

Y ante todo eso, nos queda celebrar el mawlid an-nabi como siempre se ha hecho. Agradeciendo a Allah que nos haya enviado a su bendito mensajero (saws) a este mundo y que nos iluminase, y nos siga iluminando, con su brillante luz.

Más que nunca necesitamos en nuestras comunidades la lectura de un Profeta (saws) compasivo, modelo ético y misericordioso que vino a traer esperanza, a recibir un mensaje y a enseñarnos el camino.

Los musulmanes necesitamos urgentemente recuperar al Muhammad (saws) sobre el que cantan esta noche desde las arenas del Sahara hasta las selvas de Borneo. Esta noche árabes, amazighs, swahilis, hausas, afghanos o malayos cantan al más noble de la creación, entonando la qasida burda y otros cantos de mawlid.

Nuestro Profeta (saws) no fue un simple personaje histórico o un estadista, fue luz. Una luz que vino a iluminar esos rincones oscuros de la vida, del alma e invitarnos a ser mejores. Porque como dice la Qasida Burda: “Todos, de Rasûlullâh, recogen lo que son/bebiendo de su mar o sorbiendo de su lluvia (Burda, 40).

Así pues, recojamos lo que somos y lleguemos bien lejos en el camino de la existencia ¡Feliz Mawlid an-Nabi 1440h/2018g!

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