Tasbih es un término con el que se designa la acción de decir “subhânallâh” (aunque en las hablas populares sirve de nombre para el instrumento de cuentas con el que se “calcula” el dikr). Si buscamos en el diccionario, descubriremos que el significado primero de la raíz SBH, de donde derivan los términos “tasbih” y “subhâna“, es el de “nadar”: cuando se hace tasbih se “nada” en el océano de la unidad de Allah (Tawhîd), es como decir: en Allah sólo es posible dejarse llevar pues Él está fuera de las capacidades de nuestras percepciones usuales y fuera de nuestros posibles juicios humanos.

La expresión subhânallâh traduce el impacto de una poderosa impresión que desborda nuestras “habilidades” relegándonos a una actitud pasiva y contemplativa. Es asomarse a lo inconmensurable, a la grandeza de la existencia entera como si un vislumbre de su inmensidad te hubiera cogido por sorpresa y pierdes por un instante la noción de ti mismo y de los límites de las cosas concretas. Estás intuyendo entonces a Allah bajo su aspecto absoluto, indescifrable, impreciso, impensable, con el que lo reduce todo a sí mismo, donde sólo está El, el espacio sin orillas de su mar eterno, su desierto solitario. Con Subhânallâh se declara la “impotencia” humana para comprender a Allah, o mejor dicho, se afirma que la “perplejidad” es el único resorte que nos asoma a la verdadera Identidad del Uno que está fuera de todas las posibilidades.

Por el contrario, el Hamd, la Alabanza, significa el reconocimiento de la Acción de Allah en las cosas concretas, en los acontecimientos cotidianos. Y es que Allah no se muestra al hombre sólo como el Uno Reductor sino también como el Misericordioso, el Favorecedor, el Generoso, el Creador, el que da vida… Es el Allah detectable, el Inmediato, el Evidente. Si un paisaje grandioso, una desgracia que abate o el espectáculo del mar bajo una tempestad imponente hacen exclamar al musulmán “subhânallâh“, la lluvia fecunda, el amanecer de la vida, una noticia agradable le hacen decir “al-hámdu lillâh“.

El Tasbih hace que tu Hamd no sea idolátrico, y el Hamd hace que el Tasbih no diluya tu Imán en un abstracción inoperante y ciega ante la vida. Te mueves así entra en la ininteligibilidad de Allah y su presencia inmediata. Pero la Verdad es la síntesis de ambos extremos, el Yam´, Allah es el total. Por ello, Allahu Akbar, Allah es más grande que cualquier disquisición.

Este artículo se publicó originalmente en WebIslam.com el 29 de julio de 1999

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