Las alabanzas más excelsas son para Allāh, el altísimo, el creador, quien inicia y quien moldea las formas de lo visible y lo invisible. La ṣalāt de Allāh y su salām sea sobre aquel que abre, sobre aquel que sella, sobre aquel que mantiene el absoluto valor y es digno de alabanza; sea, igualmente, sobre sus gentes y sobre sus compañeros en la excelencia hasta el día del juicio.

As-salām ‘alaykūm wa raḥmatullāh wa barakatuhu,

Queridas hermanas, queridos hermanos entre los atributos de Allāh, que exaltado sea su nombre, no hay nada comparable con su insondabilidad, su quddusiyya. Las lógicas binarias y dualistas se disuelven ante la presencia de este atributo que se convierte en su nombre. Desde que pronunciamos Al-Quddūs se nos invita a caer en los misterios que guarda el nombre.

Tras haber superado el vértigo de la taqwa (la conciencia) de Allāh y siendo conscientes que debemos lanzarnos (tawakkul) al vacío, los creyentes deben descubrir la insondabilidad de Allāh, el altísimo, para poder intuir como funciona la realidad (ḥaqīqa) este mundo. En este proceso nuestra fragilidad humana se muestra de tal forma que nos hace replantearnos nuestra forma de conocer y nuestra conciencia de ser. Ese es nuestro camino como auténticos creyentes.

Al-Quddūs es, quizás, el mejor ejemplo de que Allāh no se le puede reducir a un sustantivo, pues es el Insondable. Casi todos los comentaristas clásicos advierten de que esta manifestación de Allāh rompe la lógica y las explicaciones que se puedan realizan con el lenguaje. Excede de la traducción tradicional de «santo» que algunos proponen, porque Al-Quddūs es la muestra de inefabilidad ante el ser humano.

Su trilítera (qaf-dal-sin) hace alusión a la contención de un líquido, a la pureza de una bebida o al avance espada en mano en una batalla. Es por tanto un vector de fuerza potencial cuya voluntad desconocemos porque no alcanzamos a ver a su portador. Por eso, su valor en tanto a lo «santo» es secundario pues la copa guarda la pureza del líquido, con un fuerte sentido de protección y con la voluntad de quien la sostiene. De esa misma manera, Allāh esconde su esencia (dhāt), donde Él es en plenitud, en su insondabilidad. No nos es, de ninguna manera, posible conocer su voluntad.

Él, que exaltado sea en su jalāl (majestad) y su jamāl (belleza), como Al-Quddūs se guarda y protege de las limitaciones y las imperfecciones que el ser humano, o cualquier ser creado pueda transponerle. Este nombre presentifica la limitación de la razón creada y nos otorga humildad frente a la soberbia del conocer. Una humildad que se ve personificada como la persona que mira al profundo abismo hendido en la roca y que siente la plenitud en el vacío insondable. Con aparente oscuridad.

Nosotros, queridas hermanas y queridos hermanos, podemos contemplar esa aparente oscuridad pensando que en ella se encuentra la mayor luz (nūr) que le corresponde a Él y al que solo se puede llegar con el ejemplo de su siervo más amado, el Profeta Muḥammad ﷺ. En esa experiencia de lo inefable, de lo absoluto y de lo sobrecogedor es donde el Al-Quddūs nos atraviesa (qudds bi-l sayf), como si tuviese una espada, y nos hace experimentar lo insondable de lo divino y la revelación. ¿Os imagináis lo que experimentó nuestro Profeta ﷺ cuando lo visitó Jibril (as)? ¿Ese romperse y sentir el peso del mundo en un instante? Pues ya podéis haceros una ínfima idea de lo que significa la sombra de Al-Quddūs.

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Es de este bendito nombre de donde surge la idea de lo que denominamos como hadices qudsíes. Estos son unos hadices (dichos del Profeta ﷺ) de los que él es transmisor de la palabra de Allāh. Es una revelación directa puesta en boca del Mensajero ﷺ que nos invita a una reflexión trascendente. Normalmente la palabra de Allāh, como ocurre en el Corán, rompe la lógica discursiva y nos propone ir a un más allá, a bañarnos en su luz y su mensaje, a dejar las palabras vanas y ver la realidad en sí.

Más allá de palabras secas y yermas, el mundo de lo qudsi nos invita romper con la literalidad y el puritanismo de los falsos sabios y a reflexionar, en las palabras de el Altísimo, sobre la realidad (ḥaqīqa). Por ejemplo, así dice uno de los más conocidos:

Allāh Altísimo dijo: Mi siervo mu’min (creyente) es más amado para mí que algunos de mis ángeles malā’ika. (Recopilado por al-Tabarānī en al-Awsat y transmitido por Abū Hurayra).

O este otro:

Jibrīl (as) me dijo: Allāh, poderoso y majestuoso, dijo: ¡Oh Muhammad, quien crea (āmana) en Mí y no crea en el decreto (qadar) para lo bueno (khayr) y lo malo (sharr), es que busca un señor (rabb) que no soy Yo. (Recopilado por al-Shīrāzi en al-Alqāb y transmitido por ‘Alî y en él isnād también está Muhammad ibn ‘Ukāsha al-Kirmānī)

Dos hadices que no dejan indiferentes por su fuerza, por su expresividad, por su mensaje. En el primero se dice que sus siervos son para Allāh más querido que sus seres más fieles: los ángeles. Aunque imperfectos el Altísimo declara su actitud para con los humanos. Por otra parte, en el segundo, se nos hace ver como en el qadr de Allāh ha sido creado todo y lo bueno (khayr) es complementario de lo malo (sharr) y el creyente no debe obviarlos. Algo que resulta chocante e ilógico para muchos creyentes que tan solo buscan lo bueno pero que no comprenden porque existe el mal. Este hadiz qudsi replantea todo esto. Lo cuestiona. Y como este hay miles de ejemplos en el corpus que nos sorprenderían, nos atravesarían. Y ¡alḥamdulillāh! (¡alabado sea Allāh!). En serio, ¿Tan solo son textos «santos» o hay algo más?

Queridas hermanas, queridos hermanos yo creo que no. Creo que no es solo una mera cuestión «sacra» sino algo más inexplicable, algo insondable. En el vértigo de la vida cotidiana hemos olvidado el valor de aquello que excede nuestra razón, nuestro ego (nafs), nuestro pequeño mundo sensible, nuestro mundo lleno de idolitos. Hemos olvidado que la presencia de Allāh excede de todo ellos y que es cortante e insondable. Y que un creyente debe de sufrir ese corte, esa sensación de estar en las manos de algo sin conocer su voluntad para darnos cuenta de nuestro espacio en el mundo.

Por eso, queridas hermanas y queridos hermanos, os invito a reflexionar sobre Al-Quddūs y a pedirle con todo el corazón, en pleno recuerdo (dhikr) que nos permita experimentarlo bajo estos atributos y nos haga participes de su grandeza. Solo así seremos conscientes de lo insondable y nos arraigaremos más a nuestra frágil vida y a nuestro pequeño mundo. Solo, si Él quiere, experimentando por un segundo la trascendencia podamos olvidar los mundanos miedos y volver a este mundo a vivir en plenitud y ayudar a otros a vivirlo.

Pidamos a Allāh vivir plenamente conscientes y disfrutando de su quddusiyya en su creación, en cada momento y con la máxima apertura.

Pidamos Allāh que nos inunde de bendiciones a todos los seres humanos.

Pidamos Allāh fuerza para aceptar nuestras responsabilidades y el mandato divino, y enfrentarnos a los ídolos y cadenas que brotan en nuestra vida.

Pidamos Allāh luz y salām para ser agradecidos con su creación.

Pidamos a Allāh que, a través de la pureza, incremente nuestro imān, limpie nuestros corazones y los llene de luz muhamadiyya.

Pidamos Allāh que purifique el alma de nuestros antepasados, la nuestra, la de nuestros padres y la de todos los creyentes.

Dicho esto, pido a Allāh bendiciones para todos. Que nuestras palabras estén bajo la obediencia a nuestro rabb, el señor de los mundos.

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