Las alabanzas más excelsas son para Allāh, el altísimo, el creador, quien inicia y quien moldea las formas de lo visible y lo invisible. La ṣalāt de Allāh y su salām sea sobre aquel que abre, sobre aquel que sella, sobre aquel que mantiene el absoluto valor y es digno de alabanza; sea, igualmente, sobre sus gentes y sobre sus compañeros en la excelencia hasta el día del juicio.

As-salām ‘alaykūm wa raḥmatullāh wa barakatuhu,

En un mundo asfixiado por el calor de la inconsciencia y la falsa inmediatez es la baraka el refresco del corazón (qalb). Ese sofocante calor que asfixia nuestra existencia solo puede ser apagado por Allāh, el altísimo, con el ejemplo dado por su amado Profeta ﷺ. Queridas hermanas, queridos hermanos el islam es absoluta facilidad (Corán 2: 158) y no debería ser fuente de problemas ni de sufrimiento. El corazón jamás debería doler ni arder.

La baraka es una realidad tan presente, tan tangible que nos arrebata. Y, paradójicamente, a la vez tan infravalorada en un mundo materialista donde lo bueno parece evaporarse como el agua en ebullición. La baraka frena ese proceso, templa el sufrimiento y nos conecta con esa parte no-vista (ghayb) de la creación del Altísimo. La baraka contiene lo más bello (ajmal) de Allāh.

La palabra baraka hunde sus raíces en una bellísima trilítera que nos evoca la firmeza, un lugar con calma, la perseverancia, lo que contiene algo valioso. De hecho, esta palabra ha dado en nuestro castellano la palabra alberca, ese lugar –parecida a una piscina rural– donde refrescarse en los calurosos veranos. ¿Quién no ha sentido a Allāh en un lugar así? Otro bellísimo sentido es el de contención porque la raíz b-r-k hace alusión a la contención antes de la acción. Ese es el auténtico efecto de la baraka, además del sentido del refresco, una contención que se despliega majestuosamente en acción de Allāh, que exaltado sea su nombre. Por eso, las palabras están cargadas de baraka.

El Corán es un libro mubārak, lleno de baraka, porque es la acción contenida que se despliega para que leamos y conozcamos. contenido hacia la vida plena que ha pacificado, que ha hecho posible la vida. La baraka es como un rio que nace de una montaña y se despliega creando vida por doquier y que acaba convirtiéndose en un mar más allá.  El Profeta ﷺ es mubārak porque es capaz de sanar corazón, de templar su fuego, porque él ﷺ es contención del modelo perfecto (kamil) del ser humano que se despliega para enseñarnos. Y heredamos su baraka cuando hacemos salawat sobre él ﷺ.

Así, la baraka se manifiesta desplegándose y nosotros, con nuestros sentidos, lo comprendemos como algo benéfico, algo sanador, algo que nos llena. Y, de hecho, tiene un sentido en nuestra vida cotidiana. Lo usamos para felicitar, para alegrarnos para desplegar un regalo que nos hizo Allāh, el altísimo, para vivir mejor. La baraka es sentir el frio del uns(intimidad con Allāh) frente al ardiente calor de la existencia. Esa baraka, olvidada en tantos lugares, en tantas situaciones, en tantos mundos es lo que nos permite vivir sin asfixia e imitando la tradición profética. Sentir baraka es Sunna.

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Queridas hermanas, queridos hermanos oí una vez que la baraka es la transmisión que hace Allāh, que exaltado sea su bello nombre, de prosperidad y fecundidad tanto física como espiritual. Y si lo es.

El islam, a día de hoy, está necesitad de belleza, de raḥma, de baraka. Si, pareciese como si la fealdad y la miopía espiritual hubiesen ganado la partida, aparentemente, a estas bellas realidades para imponer un islam de la reprimenda y el miedo. Eso es todo lo contrario de la baraka. Vivir con baraka nos enseña a alejarnos de lo feo para recalar en lo bello, nos enseña de apartarnos del ḥaram, no solo del físico sino del espiritual, para comprender el significado profundo de ḥalal. Porque lo ḥalal es baraka, las bendiciones se despliegan con lo verdaderamente lícito.

Por eso la baraka la percibe la persona que está en fitra, que tiene conexión con ambos planos del mundo, tanto el visto (hadhir) como el no-visto (ghayb), aquel que está equilibrado porque el islam es sendero medio. Que está en armonía con todo lo que Allāh ha dispuesto, lo comprenda o no. Porque negar un plano es inflamar el corazón a través del fuego de la lógica binaria.

Dicen los maestros antiguos que la baraka es sencillez. Por eso, no se encuentra en largos y complejos textos de teología sino en la sonrisa, en la mirada humilde, en los niños, los ancianos, los locos y los animales. En toda la naturaleza hay baraka, más allá de lo técnico, de lo procesado y lo robótico, más allá del mundo del cálculo.

Los awliyā’, aquellos que tienen una gran intimidad con Allāh, el altísimo, son los que no solo perciben y se benefician de la baraka, sino aquellos que además saben proyectarla. La comparte, la difunden siguiendo el ejemplo muḥammadiano. Nuestro Profeta ﷺ es el mejor ejemplo a través del ejemplo de su luz, que traspasa cualquier obstáculo, que llega aún más lejos porque ejemplifica la baraka. Deberíamos pensar que vivir siguiendo su ejemplo, su Sunna, es fuente de la baraka más pura, de aquella heredada de su ejemplo, de aquella que fue dada por Allāh para cambiar la historia y eso es el mayor don.

Queridas hermanas, queridos hermanos, la baraka no es un asunto sencillo, pero es fundamental. Es un volver a la inocencia, a desplegar el secreto de la creación. Es una acción muḥammadiana y por eso nuestras acciones deben estar orientadas a ellos. Así que pidamos a Allāh, el altísimo baraka para esta tierra que sufre.

Pidamos a Allāh, el altísimo, que esa baraka nos de apertura y sabiduría para sumergirnos junto con nuestra comunidad, nuestros hermanos y el resto de la humanidad en la alberca de la baraka divina.

Pidamos a Allāh fuerza para aceptar nuestras responsabilidades y el mandato divino, y enfrentarnos a los ídolos y cadenas que brotan en nuestra vida.

Pidamos a Allāh luz y salām para ser agradecidos con su creación.

Pidamos a Allāh que, a través de la pureza, incremente nuestro imān, limpie nuestros corazones y los llene de luz muhamadiyya.

Pidamos Allāh que purifique el alma de nuestros antepasados, la nuestra, la de nuestros padres y la de todos los creyentes.

Dicho esto, pido a Allāh bendiciones para todos. Que nuestras palabras estén bajo la obediencia a nuestro rabb, el señor de los mundos.

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